En Puerto Varas llueve y llueve mucho. A veces son semanas en invierno y días interminables en verano. No es que seamos de rulos con Picolina, pero cuando hay temporal no se puede hacer demasiado. Mi hija es genial en todo caso. Una vez estaba mi mamá de visita y su Gabi dijo que no podíamos salir, porque llovía. A lo que contestó, pero
"si te pones tu Regenmantel no es problema". En fin, como les iba contando, el verano aún no se asoma acá en el sur y los días de colegio terminaron. Las vacaciones tan anheladas comienzan de forma oficial pasado mañana, cuando nos vamos al campo a pasar la Navidad. Entre tanto, llevamos una semana con demasiado tiempo en casa. Y los juegos clásicos son lego, dominó, puzzle, memory y el mejor de todos las escondidas. Menos mal que vivimos en una casa con suficiente espacio y rincones que hacen el juego más entretenido. Y es así como pasamos tardes completas jugando a las escondidas buscando el mejor escondite para que el juego sea cada vez más difícil y divertido. Es un juego que personalmente disfruto muchísimo. También cuando voy en invierno a Santiago en el departamento de mis padres jugamos con Picolina y sus primos. Es un panorama fantástico. Ni hablar de aquellas tardes de verano cuando niña en las que con mis primos jugábamos por horas entre los galpones y la bodega, hasta que ya no veíamos absolutamente nada y los murciélagos revoloteaban por todas partes. Jugar es una manera de mantener nuestro niño interno siempre despierto y también la mejor manera de vivir el presente a cabalidad. Uno se concentra en el juego y no se piensa ni el lo que pasó o lo que viene más adelante. Me encanta jugar dominó, naipes, dados y lógico con mi hija también. ¡Altamente recomendable!