Los últimos días del verano me han echo sentir como una hormiguita que se prepara para el invierno. Son varias las tareas que hay que tener en cuenta en el sur de Chile para que el mismo no te pille desprevenido. Cambiar el cañón de la cocina a leña no ha sido menor. Encontrar un maestro que no sólo haga el presupuesto, sino que en verdad realice el trabajo no ha sido fácil. Una vez ubicado el personaje el trabajo aún no ha sido terminado por falta de materiales. Por lo menos el cañón ya está parado, falta colocar los ladrillos por dentro de la cocina y el pegamento está agotado en todas partes hasta nuevo aviso. La leña llegó la primera parte hoy. Con M la terminamos de ordenar antes de que mañana caiga la lluvia. La segunda parte habrá que esperar una nueva ventana de buen tiempo. Después de un par de temporadas, ya tenemos un vendedor que no nos hace lesos y vende leña seca. Tengo algunas mermeladas listas, me faltan las conservas. La variedad de fruta que come Picolina por sus alergias no es muy grande, por lo que las conservas han sido salvadoras y todo natural sin preservantes y colorantes. Útiles escolares y uniforme todo comprado. Hormiguita que va de a poco con las listas y las tareas pendientes. No sólo en recolectar, sino que también espero que mis proyectos se vayan concretando: seguir escribiendo correos, cartas, llamar y llamar por teléfono. En lo personal la lista ha disminuido, falta encontrar un lugar que me permita hacer yoga o pilates en un horario y día que me acomode. La oferta es limitada. También hay que empezar a reorganizar el closet. No cabe todo lo de invierno y lo de verano junto. Lo mismo con la ropa de cama. De a poco, paso a paso, tratando de no sufrir ataques de ansiedad y sin perder los nervios con el lento ritmo sureño: Piano piano va lontano.
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