
El viento me pegaba en la cara,
olía el hielo y el aguanieve caía suave.
Las toninas saltaban en la proa,
lentamente zurcaba su estela la nave.
Si estiraba los brazos podía casi tocar los ñirres
Tenía frío pero no me importaba.
Desperté con una sonrisa y abrazada a la almohada.



