María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

viernes, 7 de agosto de 2009

QUÉ SUEÑO II


Frente a tanto agobio y cansancio por el sueño acumulado mis padres amablemente se ofrecieron a llevarse a la enana a su casa el jueves por la tarde. Nos fue de maravilla, se fue después de almuerzo y volvió a las cinco de la tarde justo cuando yo había podido terminar de poner la casa en orden y cocinar las papillas para la semana. Como todo salió bien por qué no repetir la maniobra, incluir alojamiento y nosotros aprovechar de salir a comer rico, ver una película en el cine y dormir. Mi día iba de maravilla, dentista tranquila, vitrineo, siesta, entradas compradas y reserva tomada. Tipo cuatro de la tarde suena el teléfono y me cuentan que Picolina está con cólicos. Siglos que no le venían. Se me habían olvidado por completo. Llamar al pediatra, preguntar que le damos. Rato después los dolores parecen ceder un poco. A mí mamá a penas la oía bien con los gritos de la chica detrás. La cosa se veía seria, pues alguien tan experimentado como mi mamá y de una paciencia infinita ya no sabía como calmarla. Al rato teléfono de nuevo. Parecía que todo iba mejor. Cuarenta minutos después caos. Los dolores no ceden. Vuelta a llamar al pediatra. Nos dijo que si la cosa empeoraba mejor llevarla a urgencia, ya que podía tener un cuadro de cólicos mezclado con alergia alimentaria. (Dato: Picolina es alérgica a la proteína de la leche). Llamar a M y contarle lo que sucede. Hora del taco en todo Santiago. Avanzar lentamente, a la hora peak la gente maneja peor de lo usual. La pasamos a buscar y la pobre estaba agotada de tanto llorar. En el auto camino a la clínica parecía mejorar. Me fui con ella atrás y me sonreía. Luego tiraba besos. Nos reíamos nosotros también con ella y con el programa Sicotrópicos. En la puerta de la clínica decidimos seguir de largo. Nos veríamos ridículos entrando por urgencias con una niña haciendo todas sus gracias. Pasó el susto. Regresamos a casa felices de que todo estuviera bien. La acostamos y después de un rato de saltar en la cuna se durmió. Nos quedamos con un tour por Santiago, abuelos agotados (les tocó lo más duro) una película repetida del cable, un menú express y una niña devuelta en su cuna. ¡Dulces sueños!

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