María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

martes, 15 de febrero de 2011

La lista de útiles

Picolina entra el 7 de marzo a clases en el Medio Menor del Deutsche Schule Puerto Varas. Faltan sólo un par de semanas y aún tenemos algunos accidentes en lo que a la ida al baño se refiere, pero pongo mi fe y energía en que cuando entre a clases va a terminar de aprender. Con esa convicción M, Picolina y yo partimos a comprar las cosas que nos pedían en la tan temida lista de útiles. Como llovía a torrentes también era una forma de hacer algo. Lo que parecía simple se transformó a los minutos en una confusión tremenda. La cantidad de lápices diferentes que pueden haber es insólito. Encontrar los con punta de triángulo un desafío. Hasta ahora jamás me había dado cuenta que la mayoría de los lápices a colores son hexagonales. ¡Ni hablar de los tipos de papeles diferentes! Con suerte sabía lo que era el papel lustre y que la cartulina es un poco más gruesa. Familias enteras alrededor de la Srta. de promoción para cerciorarse de que lo que estaban comprando es lo que el papel dice. Obviamente que las cantidades también eran obcenas, por lo que si pedían 4 cajas de plasticina, yo sólo echaba dos en el carro. Si de verdad las usan bien y si se necesita más me llegará una comunicación con el pedido. Pitucos también en pedir las mejores marcas. Eso lo dejamos a criterio de lo que encontramos y de los precios sin dejar de poner atención a la toxicidad de los materiales. Pero el sueño de encontrar absolutamente todo en un sólo lugar no pudo ser cumplido. Ahora me queda buscar de librería en librería la famosa tempera con tapa dosificadora de 350 ml. de color blanco y naranjo, un papel crepé color negro, la silicona no sé cuanto y etc. ¡Para agarrarse de las mechas! Por ahí de repente un alma caritativa con más experiencia nos daba algún consejo. ¡Terminamos lona! Agotados y con el bolsillo dañado nos subimos al auto para volver a Puerto Varas huyendo del diablo!

martes, 8 de febrero de 2011

Juntando recuerdos


Las vacaciones y el verano que hemos tenido han sido de lujo. El Año Nuevo como les contaba lo pasamos en muy buena compañía y Picolina supo lo que es compartir una rutina con otros niños que juegan, duermen, comen y saben hacer pipí en el baño. Una novedad fue conocer de cerca los caballos y bañarse en un arrollo. Aprendió muchas cosas y la mamá también. Luego en casa tuvimos diferentes visitas y eso le puso un nuevo ritmo a las cosas. Ver a los puerto varianos con quienes compartimos más a menudo en short, polera y traje de baño es una maravilla. No podíamos parar de reír al ver nuestras pintas playeras, ya que cuando uno va de visita, por lo general, no para de sacarse ropa de tan abrigado que llega. Después, los días que pasamos en el campo de los Opas fueron geniales. Picolina se transformó en la encargada oficial de alimentar las gallinas distinguiendo muy bien el maíz del trigo y de buscar los huevos con su canasto por las tardes. El columpio, el carretón y principalmente tractor fueron las atracciones de la temporada. Se ganó el corazón de todos los que estaban o fueron de visita y la verdad es que nos quedamos con gusto a poco. Es rico estar rodeada de los que más queremos, sobre todo cuando queda en el aire un futuro incierto de un pronto reencuentro. Ahora estamos de regreso en casa, retomando la rutina, disfrutando de los días de sol que se acortan sin misericordia. Como un cuento que me contaron hay que acumular lindos recuerdos para los días de frío y lluvia. Es lo que hemos echo y estamos haciendo. Serán nuestro sostén para cuando la rutina del día a día nos agarre bajo la rueda.