María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

lunes, 17 de diciembre de 2012

A las escondidas...




En Puerto Varas llueve y llueve mucho. A veces son semanas en invierno y días interminables en verano. No es que seamos de rulos con Picolina, pero cuando hay temporal no se puede hacer demasiado. Mi hija es genial en todo caso. Una vez estaba mi mamá de visita y su Gabi dijo que no podíamos salir, porque llovía. A lo que contestó, pero "si te pones tu Regenmantel no es problema". En fin, como les iba contando, el verano aún no se asoma acá en el sur y los días de colegio terminaron. Las vacaciones tan anheladas comienzan de forma oficial pasado mañana, cuando nos vamos al campo a pasar la Navidad. Entre tanto, llevamos una semana con demasiado tiempo en casa. Y los juegos clásicos son lego, dominó, puzzle, memory  y el mejor de todos las escondidas. Menos mal que vivimos en una casa con suficiente espacio y rincones que hacen el juego más entretenido. Y es así como pasamos tardes completas jugando a las escondidas buscando el mejor escondite para que el juego sea cada vez más difícil y divertido. Es un juego que personalmente disfruto muchísimo. También cuando voy en invierno a Santiago en el departamento de mis padres jugamos con Picolina y sus primos. Es un panorama fantástico. Ni hablar de aquellas tardes de verano cuando niña en las que con mis primos jugábamos por horas entre los galpones y la bodega, hasta que ya no veíamos absolutamente nada y los murciélagos revoloteaban por todas partes. Jugar es una manera de mantener nuestro niño interno siempre despierto y también la mejor manera de vivir el presente a cabalidad. Uno se concentra en el juego y no se piensa ni el lo que pasó o lo que viene más adelante. Me encanta jugar  dominó, naipes, dados y lógico con mi hija también. ¡Altamente recomendable!

domingo, 16 de diciembre de 2012

2012

 

2012



Sí alguien me hubiese dicho que me vida sería otra vez un lienzo en blanco a los 37 años jamás me lo hubiese imaginado. ¡Y sí! El 2012 un año caótico desde el punto de vista que se le mire,  para mí ha sido el año de mayor crecimiento que he vivido en siglos. He decido reescribir mi propia historia con la mochila lo más liviana posible. Visité todos aquellos lugares por los que sentía nostalgia. A veces uno piensa que se puede volver atrás o que los tiempos pasados fueron mejores. Con el fin de dejar atrás esos anhelos recorrí lugares a los que pensé que podría volver. No es cierto. Los lugares han cambiado, al igual que sus habitantes  y yo mucho más. Estoy muy bien en esta pequeña ciudad del sur de Chile, de la cual en un comienzo no sabía que esperar. A finales del 2011  me separé de M a quien le agradezco todo lo aprendido en la época   que estuvimos juntos, pero hace mucho tiempo que teníamos que admitir que lo nuestro no podía seguir. Llevábamos tantos años  cada uno por su lado, que mejor darle a la vida una nueva oportunidad en todos los ámbitos. He conocido personas excepcionales y sé que mi ciclo en este lugar aún no ha terminado. Había echo grandes planes para irme, pero la vida dijo otra cosa: queda mucho por hacer  y sucesos que vivir. Tengo claro lo que quiero y mucho más lo que no deseo. Un buen punto de  partida  para no repetir los mismos errores ni volver a pisarse la cola. Sigo con mi proyecto  contando cuentos.  Es complicado  vivir de esto, por lo que  urge encontrar un trabajo estable, aprovechando que Picolina ya tiene 4 años y pasó al Prekinder del Colegio Alemán de Puerto Varas. Continúo sin estar muy convencida de la educación tradicional, pero por ahora es lo que hay. Picolina se ha transformado en  una niña adorable e independiente. Sus alergias continúan contra todo pronóstico. Nada fácil. Menos mal que volvimos a cambiar de médicos y descubrimos un test llamado Bioresonancia. Hasta ahora mucho mejor. Bueno, les cuento que  abrí nuevamente este espacio para que estén al tanto de cómo sigue la vida en el sur. Un abrazo y los mejores deseos para el 2013.