
Hace varios años atrás un súper trío de amigas hablaba de las metas y cosas que querían hacer en la vida y de los proyectos que las motivaban. En esa conversación cada una elaboró una lista que motivó gran parte de nuestras acciones de ahí en adelante. Ordenando cartas y diarios apareció la lista que escribí en ese entonces y noté que hace bastante tiempo que los sueños allí escritos los había logrado: Conocer Italia, independizarme de mis padres, aprender a vivir sola, , recorrer Torres del Paine y el Camino del Inca, vivir en el extranjero, aprender a esquiar, trabajar en algo que en verdad me guste, casarme en verdad enamorada y finalmente ser mamá. Lo importante de todas las anteriores a las dos últimas era disfrutar a concho la juventud y no casarse sin haber "vivido" antes, pues las tres teníamos ejemplos de compañeras de colegio que en esa época ya tenían anillo en mano y personalmente dejé de ir a los encuentros de curso, porque me aburría escuchar hablar de vestidos, peluquerías y banqueteros. Algunas metas costaron más que otras o llegaron en el minuto que tenían que llegar con las personas indicadas y no necesariamente en el orden que las escribí, pero en ese minuto sencillamente era inconcebible pasar de la casa paterna a la del marido. La lista con mi Picolina está completa. Entonces me puse a pensar, que Picolina pronto va a empezar a independizarse también. De echo anoche en una comida con un amigo hablamos del tema. M por su parte está con miles de ideas y proyectos nuevos en su actual trabajo. Aprovechando el impulso del cambio, lo que cae de cajón es que tengo la necesidad de plantearme nuevas metas y elaborar una carta de navegación. No me puedo permitir seguir en el puerto, es hora de empezar a soñar con mares no navegados y escribir una nueva lista de proyectos personales que me motive a seguir adelante.


que no les interesa ni siquiera conocer su ciudad
