Las vacaciones pasaron demasiado rápido, dependiendo del punto de vista, porque el tiempo siempre es relativo. Hubo días que se hicieron eternos, ya que a falta de niños fui la eterna compañera de juegos y otros que pasaron volando. Volvimos a casa y el panorama no falta. Vecinitos de vacaciones, amiguitas a jugar a la casa y el tan ansiado fin de semana en que Picolina ha salido con su padre. Relajo absoluto, disfrutando del calor tan poco común en estos días. Si fuera sureña sureña ya estaría cocinada, pero ahora agradezco ese calor tan propio de la zona central. Esos clásicos 30ºC chillanejos, donde a media tarde ni las moscas pueden volar. ¿Calentamiento global? Who cares! Es bueno estar de regreso en casa. Se aprecia la tranquilidad de poder hacer y deshacer a gusto sin tener esa sensación de invadir el espacio de alguien más. Quedé agotada de hacer castillos de arena, de poner atención en la piscina, de visitar las gallinas unas diez veces al día, etc. Este fin de semana ha sido divino, porque ha sido sólo para mí. Salir al atardecer a tomar algo, volver de madrugada, dormir sin cargo de conciencia, leer, ver películas, malgastar algo de tiempo en internet y aburrirme un poco. Si el mes que estuvimos lejos fueron las vacaciones de Picolina, este fin de semana fue cien por ciento sólo para mí.
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Qué rica la foto!
ResponderEliminarAdmiro tu capacidad de entretener y dedicarte tanto a la Picolina.
Que hayas disfrutado tu fin de semana para ti!
Cariños mil
Flo