
A lo largo de mi vida nunca había tenido encuentros cercanos con gatos propios. En el campo los gatos siguen siendo de la casa de la Sra. Flora, pues mis abuelos siempre han tenido perros. En Santiago tuvimos un par de cachorros de corta duración: de paso para irse al campo o con finales trágicos como atropellos o extravíos y hasta ahí llegó la experiencia con mascotas. Los gatos siempre ajenos, me los empecé a topar en mi primer intercambio a Alemania. Allá, la mayoría adora los mininos y son uno más de la familia. Luego, una de mis mejores amigas en la U también tenía una gata preciosa que lloraba como un perro si la dejaban sola. Fue entonces que empecé a ver los gatos de otra manera. Resulta que mientras nos encontrábamos en Santiago con Picolina, una gata aprovechó la paz de mi casa para venir a parir aquí. M se apiadó de ella y comenzó a darle leche. Otra cosa no se le ocurrió, porque tampoco tenía experiencias gatunas en su vida y como dijo él "Tom toma leche o persigue a Jerry". Picolina se trastornó con la idea de una gata jugando en el jardín. Al principio medio ariscas las dos, ahora juegan juntas. Por supuesto que me encargué de desparasitarla y de darle de comer los alimentos que publicitan en la TV. Los gatitos que son 4 y espero que vivan, los tiene escondidos por ahí, ya que por la curiosidad de mi niña la gata se pone nerviosa y los va cambiando de lugar. Vaya a saber uno si se quedará o se los va a llevar. Por ahora está, como se dice en chileno, aguachada en mi casa. En la veterinaria me dijeron que a penas los gatos estén listos para regalar ponga un aviso. Siempre hay interesados. La señora que trabaja en mi casa ya se matriculó con uno y esperamos quedarnos con otro. En casa arrendada y sin una clara planificación a futuro los felinos son una mascota menos complicada que un perro y hasta ahora no nos animábamos con otra cosa. La gata nos evitó seguir pensando. Habrá que ver que pasa...




