María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Mi primer Temazcal

El Temazcal es una ceremonia ancestral de la Tradición Nativa Americana que en su cosmo visión recrea la creación de la vida. Es una profunda experiencia de renacimiento en el vientre de nuestra madre Tierra (La Pachama). Fui invitada a participar con mi grupo de yoga. Fue en verdad una experiencia muy linda, porque había gente de todas las edades posibles. Nosotros no pudimos ir en familia, porque Picolina estaba con otitis y M la verdad es que no me pescó mucho cuando le conté de la invitación. Después de que le conté de que se trató, creo que ya lo convencí para el próximo año. Se realiza un espacio circular en el Este, el cual representa el vientre materno, se cubre con lonas hasta quedar completamente oscuro adentro. En el oeste se hace una gran fogata que representa al sol su poder creador. En este fuego se calientan piedras volcánicas hasta quedar al rojo vivo. Como explicaban las personas que lo dirigían se trata de despertar a estas abuelas piedras que han estado durmiendo quizás por cuánto tiempo y devolverlas a su estado natural, como cuando estaban en el corazón del madre tierra. Estas piedras venían del Osorno y se van entrando de a poco con la ayude del hombre que está encargado del fuego, quien es el único que tiene derecho a entrar y salir de la tienda. Entran por orden hombres, mujeres embarazadas, niños, mujeres y mujeres en luna. Yo era una de las mujeres en luna por lo que no pude participar de la ceremonia de los dos primeros elementos el aire y el agua. Me tuve que quedar afuera esperando y muriendo de curiosidad. Llovía, hacía frío, pero permanecimos junto al fuego listas para quedar en pareo y traje de baño y poder entrar. En la tercera puerta salieron las embarazadas y los niños y pudimos entrar nosotras. Tocaba el canto al fuego siempre con rezos al ritmo de los tambores y en la absoluta oscuridad. Nunca había sudado tanto en mi vida. Antes de entrar nos juntaron al grupo, nos presentamos y cada uno hizo un voto de lo que quería limpiar y dejar atrás en ésta ocasión. Y lo sentí verdaderamente así. A medida que seguían entrando las piedras y se bendecían con agua y hierbas sanadoras el cuerpo sudaba desde la raíz del pelo hasta la punta del pie increíblemente. Cada puerta duraba veinte minutos que al son del tambor se hacían cortos. Claro que admiro a quienes estuvieron desde el principio. Después de la cuarta puerta el canto a la tierra salieron todos, primeros los hombres y luego las mujeres. Quedamos a solas con los chamanes y el hombre del fuego y nos hicieron una bendición especial para nosotras las mujeres con luna. Una oración por el sacrificio y la responsabilidad de cargar con un vientre y el milagro de la procreación. Muy emocionante, muy sanador. Una experiencia inolvidable. Al salir uno se sentía como una pluma y feliz. Muy feliz.

2 comentarios:

  1. Que bonito que haya gente que se organice para hacer ese tipo de cosas, y qué suerte que participaste!!

    Nunca había oído de algo así. Me encantó.

    Cariños.

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  2. Qué lindo, Feña. Celebro estas instancias tuyas de sanación, renacimiento, descubrimiento.
    Mi amiga sabia, te mando un gran abrazo con alegría de leerte feliz.

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