El Temazcal es una ceremonia ancestral de la Tradición Nativa Americana que en su cosmo visión recrea la creación de la vida. Es una profunda experiencia de renacimiento en el vientre de nuestra madre Tierra (La Pachama). Fui invitada a participar con mi grupo de yoga. Fue en verdad una experiencia muy linda, porque había gente de todas las edades posibles. Nosotros no pudimos ir en familia, porque Picolina estaba con otitis y M la verdad es que no me pescó mucho cuando le conté de la invitación. Después de que le conté de que se trató, creo que ya lo convencí para el próximo año. Se realiza un espacio circular en el Este, el cual representa el vientre materno, se cubre con lonas hasta quedar completamente oscuro adentro. En el oeste se hace una gran fogata que representa al sol su poder creador. En este fuego se calientan piedras volcánicas hasta quedar al rojo vivo. Como explicaban las personas que lo dirigían se trata de despertar a estas abuelas piedras que han estado durmiendo quizás por cuánto tiempo y devolverlas a su estado natural, como cuando estaban en el corazón del madre tierra. Estas piedras venían del Osorno y se van entrando de a poco con la ayude del hombre que está encargado del fuego, quien es el único que tiene derecho a entrar y salir de la tienda. Entran por orden hombres, mujeres embarazadas, niños, mujeres y mujeres en luna. Yo era una de las mujeres en luna por lo que no pude participar de la ceremonia de los dos primeros elementos el aire y el agua. Me tuve que quedar afuera esperando y muriendo de curiosidad. Llovía, hacía frío, pero permanecimos junto al fuego listas para quedar en pareo y traje de baño y poder entrar. En la tercera puerta salieron las embarazadas y los niños y pudimos entrar nosotras. Tocaba el canto al fuego siempre con rezos al ritmo de los tambores y en la absoluta oscuridad. Nunca había sudado tanto en mi vida. Antes de entrar nos juntaron al grupo, nos presentamos y cada uno hizo un voto de lo que quería limpiar y dejar atrás en ésta ocasión. Y lo sentí verdaderamente así. A medida que seguían entrando las piedras y se bendecían con agua y hierbas sanadoras el cuerpo sudaba desde la raíz del pelo hasta la punta del pie increíblemente. Cada puerta duraba veinte minutos que al son del tambor se hacían cortos. Claro que admiro a quienes estuvieron desde el principio. Después de la cuarta puerta el canto a la tierra salieron todos, primeros los hombres y luego las mujeres. Quedamos a solas con los chamanes y el hombre del fuego y nos hicieron una bendición especial para nosotras las mujeres con luna. Una oración por el sacrificio y la responsabilidad de cargar con un vientre y el milagro de la procreación. Muy emocionante, muy sanador. Una experiencia inolvidable. Al salir uno se sentía como una pluma y feliz. Muy feliz.
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lunes, 13 de septiembre de 2010
Mi primer Temazcal
El Temazcal es una ceremonia ancestral de la Tradición Nativa Americana que en su cosmo visión recrea la creación de la vida. Es una profunda experiencia de renacimiento en el vientre de nuestra madre Tierra (La Pachama). Fui invitada a participar con mi grupo de yoga. Fue en verdad una experiencia muy linda, porque había gente de todas las edades posibles. Nosotros no pudimos ir en familia, porque Picolina estaba con otitis y M la verdad es que no me pescó mucho cuando le conté de la invitación. Después de que le conté de que se trató, creo que ya lo convencí para el próximo año. Se realiza un espacio circular en el Este, el cual representa el vientre materno, se cubre con lonas hasta quedar completamente oscuro adentro. En el oeste se hace una gran fogata que representa al sol su poder creador. En este fuego se calientan piedras volcánicas hasta quedar al rojo vivo. Como explicaban las personas que lo dirigían se trata de despertar a estas abuelas piedras que han estado durmiendo quizás por cuánto tiempo y devolverlas a su estado natural, como cuando estaban en el corazón del madre tierra. Estas piedras venían del Osorno y se van entrando de a poco con la ayude del hombre que está encargado del fuego, quien es el único que tiene derecho a entrar y salir de la tienda. Entran por orden hombres, mujeres embarazadas, niños, mujeres y mujeres en luna. Yo era una de las mujeres en luna por lo que no pude participar de la ceremonia de los dos primeros elementos el aire y el agua. Me tuve que quedar afuera esperando y muriendo de curiosidad. Llovía, hacía frío, pero permanecimos junto al fuego listas para quedar en pareo y traje de baño y poder entrar. En la tercera puerta salieron las embarazadas y los niños y pudimos entrar nosotras. Tocaba el canto al fuego siempre con rezos al ritmo de los tambores y en la absoluta oscuridad. Nunca había sudado tanto en mi vida. Antes de entrar nos juntaron al grupo, nos presentamos y cada uno hizo un voto de lo que quería limpiar y dejar atrás en ésta ocasión. Y lo sentí verdaderamente así. A medida que seguían entrando las piedras y se bendecían con agua y hierbas sanadoras el cuerpo sudaba desde la raíz del pelo hasta la punta del pie increíblemente. Cada puerta duraba veinte minutos que al son del tambor se hacían cortos. Claro que admiro a quienes estuvieron desde el principio. Después de la cuarta puerta el canto a la tierra salieron todos, primeros los hombres y luego las mujeres. Quedamos a solas con los chamanes y el hombre del fuego y nos hicieron una bendición especial para nosotras las mujeres con luna. Una oración por el sacrificio y la responsabilidad de cargar con un vientre y el milagro de la procreación. Muy emocionante, muy sanador. Una experiencia inolvidable. Al salir uno se sentía como una pluma y feliz. Muy feliz.
jueves, 12 de agosto de 2010
Ajustes de la nueva rutina

Ultimamente me he estado acomodando mi nueva rutina acá en Puerto Varas. Los días del yoga cambiaron y gracias al cielo mi nana aceptó cambiar los días sin ningún problema. No creo que haya estado muy contenta conmigo metida en la casa. Tengo compañeros nuevos también y espero con el tiempo conocer a alguien. Todo otra vez. Mi partner alemana ya regresa a su país y se me acabó el café después del yoga, lo pasaba increíble y además resucitaba mi alemán. Mientras busco con quien compartir, algo me tuve que inventar, así que salgo cámara en mano a ver si puedo enfocar pájaros para rellenar mi blog de birdwatching. Si el tiempo lo permite a la casa no vuelvo antes del las 13:30 hora en que la enana empieza su siesta. Así cambiaron los días en que me ducho tranquila, largo y extendido con pelo incluido. También cambió el día en que junto a la Picolina con otros niños. Hasta ahora es uno y a veces dos y espero que con el tiempo me tope con más madres buscando hacer babysitter en conjunto. Es una especie de catarsis para todos, para las madres y los niños. Se pasa bien, se conversa de temas comunes y Picolina aprende que no está sola en el planeta. Los días son un pelito más largos, pero las tardes siguen siendo eternas. Termino cediendo a la TV para tener un respiro. Comidas y leche nueva van mejor. A cucharadas la última, porque mi nena es tan especial que nunca ha querido tomar mamadera. Ni media dormida cae, siempre deja por las mañanas así que la meto en su silla de comer 4 veces al día con teatro y circo para que coma o tome la leche. Por lo menos ya las dos nos acostumbramos. Resignada se sienta y yo dejé de soñar con verla agarrar la mamadera sola. ¡Y no es que no sepa, vieran como se toma el " jugo"- agua, que ahora tiene que ser hervida! M sigue llegando súper tarde. Supongo que será así siempre con la onda del Presidente de trabajar a full. Aún no me acostumbro a tener un marido funcionario público. Les sacan el jugo por pocas lucas. Parte de la nueva rutina ajustarse el cinturón. Por lo menos le apasiona su pega y está contento. Todavía no puedo pensar en trabajar. La nueva doctora de Picolina nos recomendó que es mejor que permanezca en su casa hasta el proximo año. La idea del jardín quedó para más adelante y yo tengo más tiempo para pensar en qué podría ocuparme.
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domingo, 5 de julio de 2009

¿Qué es el yoga? Probablemente para esta palabra haya tantas definiciones como practicantes de yoga en el mundo. Sobre todo que en este momento está tan de moda. Algunos lo consideran sólo ejercicio y una manera de mantenerse en forma: un deporte cualquiera. Otros lo ven como una especie de terapia sin sicólogo o una manera de hacer vida social y conocer gente “nueva”. En India se considera un camino espiritual. Al principio cuando comencé a practicar yoga lo veía vagamente como todo lo anterior, pero sin duda se ha transformado en un camino de autoconocimiento y exploración. El Yoga no te impone, ni siquiera te propone una visión concreta del Ser o del Universo, pero te ofrece los instrumentos para que generes, si lo deseas, la tuya propia y son estas herramientas las que a lo largo de los años he aprendido a poner en práctica. Por decir lo menos soy bastante tiesa. Desde chica me costaba todo lo que era elongación en clases de gimnasia. Si me ves ahora pensarías que estoy recién comenzando en comparación con nuevos practicantes superiormente más elásticos que yo. La gracia del yoga es que no se compite. Es un camino cien por ciento personal. Hay posiciones que quizás me tome toda una vida realizar, pero en general se desarrolla flexibilidad, fortaleza, equilibrio un estado de salud y armonía. La práctica continuada te dota de una herramienta de aplicación en todos los terrenos de la vida diaria. Paulatina pero sólidamente crece todo aquello que podemos considerar virtud o fuerza interior. La consciencia se expande con la misma suavidad que despunta el sol al alba. El ser comienza a encontrarse con sus propios límites y, en virtud de este proceso, comienza también a comprender de qué material están hechos tales límites. Los fantasmas desaparecen. Es un encuentro con uno mismo. Los roles de hija, madre, esposa, amiga, profesión quedan por un instante de lado. La alegría de vivir se va descubriendo en las cosas más pequeñas de nuestra existencia: detalles tan mínimos como tocarse la punta de los pies. Ojala hubiese descubierto este camino antes. Lo bueno es que en mis viajes conocí personas que me fueron dando las herramientas para encontrarlo y una vez en Santiago lo primero que hice fue buscar un lugar cerca de la casa donde empezar. Con algunas interrupciones ha sido un camino constante que espero, por esta vez, no dejar jamás.
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