
Ultimamente me he estado acomodando mi nueva rutina acá en Puerto Varas. Los días del yoga cambiaron y gracias al cielo mi nana aceptó cambiar los días sin ningún problema. No creo que haya estado muy contenta conmigo metida en la casa. Tengo compañeros nuevos también y espero con el tiempo conocer a alguien. Todo otra vez. Mi partner alemana ya regresa a su país y se me acabó el café después del yoga, lo pasaba increíble y además resucitaba mi alemán. Mientras busco con quien compartir, algo me tuve que inventar, así que salgo cámara en mano a ver si puedo enfocar pájaros para rellenar mi blog de birdwatching. Si el tiempo lo permite a la casa no vuelvo antes del las 13:30 hora en que la enana empieza su siesta. Así cambiaron los días en que me ducho tranquila, largo y extendido con pelo incluido. También cambió el día en que junto a la Picolina con otros niños. Hasta ahora es uno y a veces dos y espero que con el tiempo me tope con más madres buscando hacer babysitter en conjunto. Es una especie de catarsis para todos, para las madres y los niños. Se pasa bien, se conversa de temas comunes y Picolina aprende que no está sola en el planeta. Los días son un pelito más largos, pero las tardes siguen siendo eternas. Termino cediendo a la TV para tener un respiro. Comidas y leche nueva van mejor. A cucharadas la última, porque mi nena es tan especial que nunca ha querido tomar mamadera. Ni media dormida cae, siempre deja por las mañanas así que la meto en su silla de comer 4 veces al día con teatro y circo para que coma o tome la leche. Por lo menos ya las dos nos acostumbramos. Resignada se sienta y yo dejé de soñar con verla agarrar la mamadera sola. ¡Y no es que no sepa, vieran como se toma el " jugo"- agua, que ahora tiene que ser hervida! M sigue llegando súper tarde. Supongo que será así siempre con la onda del Presidente de trabajar a full. Aún no me acostumbro a tener un marido funcionario público. Les sacan el jugo por pocas lucas. Parte de la nueva rutina ajustarse el cinturón. Por lo menos le apasiona su pega y está contento. Todavía no puedo pensar en trabajar. La nueva doctora de Picolina nos recomendó que es mejor que permanezca en su casa hasta el proximo año. La idea del jardín quedó para más adelante y yo tengo más tiempo para pensar en qué podría ocuparme.

