María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

martes, 8 de marzo de 2011

A la Schule


Increíble pero el día llegó. Como dice mi Opa no hay plazo que no se cumpla. Después de mucha teoría y de verdad por fin tener los útiles listos y el buzo y delantal de la Schule marcados, el lunes 7 de marzo despertamos a Picolina más temprano de lo que está acostumbrada. Se vistió feliz y con cierto nerviosismo, pero muy orgullosos partimos mamá y papá a dejarla al colegio.
Tocó un día lindo, esplendoroso y el sol brillaba sobre Puerto Varas. Al bajarnos del auto fuimos bombardeados por fotógrafos que ni te preguntan si va a querer o no, bien invasivo el sistema, pero bueno...Seguimos avanzando y Picolina se veía muy contenta. Al ver la sala llena de niños se cohibió un poco y al darse cuenta de que se iba a quedar sola el llanto no cesó. Entre tiras y aflojas las Tantes iban hacia los niños que no querían soltar a sus papás uno por uno. Una vez que el niño/a quedaba más tranquilo se iban hacia otro hasta llegar a nosotros. Fuimos los últimos en salir de la sala. Es decir yo, porque M no se pudo quedar hasta el final tenía que ir a trabajar. Luego me quedé en un café cerca del recinto esperando lo peor. Que sonara el teléfono a los cinco minutos y me dijeran ven a buscar a tu hija. No fue así. Pasó una hora, eran ya las diez de la mañana y como el día estaba lindo decidí volver caminando por la costanera. Llegué a la casa hice lo mínimo de lo que me disponía a hacer, pues el celular empezó a sonar con insistencia.
Tenía que ir a buscar a Picolina una hora antes. Es decir en treinta minutos más. Debí haberme quedado en el café. Bajé al centro tomé la micro y llegué corriendo. Ahí estaba mi niña junto a otra pequeña paradas en la puerta con la coordinadora esperando a su mamá. La sonrisa de oreja a oreja y solita me contó que le había dado mucha pena y que quería ir a su casa. ¡Linda!
Almorzó y cayó rendida. Hoy no fue muy distinto, pero M fue solo a dejarla. Yo me despedí en le portón de la casa. Se tuvo que quedar con ella hasta como las nueve. Esta vez no me llamaron y cuando la fui a buscar algunos padres ya habían pasado a retirar a sus hijos un poco antes. Ella lloraba pidiendo a su mamá. Se me partió el alma. Después me di cuenta que lo que más tenía era hambre que otra cosa. Con el almuerzo le volvió el alma al cuerpo y no ha parado de jugar. Así nos vamos ajustando de a poco a todo. Pronto será nuestra primera reunión de apoderados. ¡Ya el sábado tenemos una cicletada familiar en el colegio! Habrá que ir a todo para ver y conocer a los padres y compañeritos de Picolina. Después con el tiempo vamos colando información. Es el comienzo de una etapa completamente nueva en nuestras vidas. ¡Toda una aventura!

martes, 15 de febrero de 2011

La lista de útiles

Picolina entra el 7 de marzo a clases en el Medio Menor del Deutsche Schule Puerto Varas. Faltan sólo un par de semanas y aún tenemos algunos accidentes en lo que a la ida al baño se refiere, pero pongo mi fe y energía en que cuando entre a clases va a terminar de aprender. Con esa convicción M, Picolina y yo partimos a comprar las cosas que nos pedían en la tan temida lista de útiles. Como llovía a torrentes también era una forma de hacer algo. Lo que parecía simple se transformó a los minutos en una confusión tremenda. La cantidad de lápices diferentes que pueden haber es insólito. Encontrar los con punta de triángulo un desafío. Hasta ahora jamás me había dado cuenta que la mayoría de los lápices a colores son hexagonales. ¡Ni hablar de los tipos de papeles diferentes! Con suerte sabía lo que era el papel lustre y que la cartulina es un poco más gruesa. Familias enteras alrededor de la Srta. de promoción para cerciorarse de que lo que estaban comprando es lo que el papel dice. Obviamente que las cantidades también eran obcenas, por lo que si pedían 4 cajas de plasticina, yo sólo echaba dos en el carro. Si de verdad las usan bien y si se necesita más me llegará una comunicación con el pedido. Pitucos también en pedir las mejores marcas. Eso lo dejamos a criterio de lo que encontramos y de los precios sin dejar de poner atención a la toxicidad de los materiales. Pero el sueño de encontrar absolutamente todo en un sólo lugar no pudo ser cumplido. Ahora me queda buscar de librería en librería la famosa tempera con tapa dosificadora de 350 ml. de color blanco y naranjo, un papel crepé color negro, la silicona no sé cuanto y etc. ¡Para agarrarse de las mechas! Por ahí de repente un alma caritativa con más experiencia nos daba algún consejo. ¡Terminamos lona! Agotados y con el bolsillo dañado nos subimos al auto para volver a Puerto Varas huyendo del diablo!

martes, 8 de febrero de 2011

Juntando recuerdos


Las vacaciones y el verano que hemos tenido han sido de lujo. El Año Nuevo como les contaba lo pasamos en muy buena compañía y Picolina supo lo que es compartir una rutina con otros niños que juegan, duermen, comen y saben hacer pipí en el baño. Una novedad fue conocer de cerca los caballos y bañarse en un arrollo. Aprendió muchas cosas y la mamá también. Luego en casa tuvimos diferentes visitas y eso le puso un nuevo ritmo a las cosas. Ver a los puerto varianos con quienes compartimos más a menudo en short, polera y traje de baño es una maravilla. No podíamos parar de reír al ver nuestras pintas playeras, ya que cuando uno va de visita, por lo general, no para de sacarse ropa de tan abrigado que llega. Después, los días que pasamos en el campo de los Opas fueron geniales. Picolina se transformó en la encargada oficial de alimentar las gallinas distinguiendo muy bien el maíz del trigo y de buscar los huevos con su canasto por las tardes. El columpio, el carretón y principalmente tractor fueron las atracciones de la temporada. Se ganó el corazón de todos los que estaban o fueron de visita y la verdad es que nos quedamos con gusto a poco. Es rico estar rodeada de los que más queremos, sobre todo cuando queda en el aire un futuro incierto de un pronto reencuentro. Ahora estamos de regreso en casa, retomando la rutina, disfrutando de los días de sol que se acortan sin misericordia. Como un cuento que me contaron hay que acumular lindos recuerdos para los días de frío y lluvia. Es lo que hemos echo y estamos haciendo. Serán nuestro sostén para cuando la rutina del día a día nos agarre bajo la rueda.

viernes, 14 de enero de 2011

Contando Cuentos



Estoy feliz, porque de a poco mi proyecto de Cuenta Cuentos está tomando forma. Los invito a seguir este blog ( Hacer click en la palabra blog ) para que se vayan enterando de las actividades que vienen por delante. Acabo de estrenar un cuento En el Festival de la Rosa de Puerto Varas, se avecina un Cuenta Cuentos para niños y adultos en una nueva librería y así...De a poco, lento por las piedras! Emocionante ver mi nombre colgando en un pendón en la calle principal de la ciudad. Con humildad doy gracias al Universo por este regalo de poder expresarme y encontrar espacios donde hacerlo.



miércoles, 29 de diciembre de 2010

Pensando en el 2011


Este año ha tenido de todo. Empezó con un Año Nuevo con Picolina media enferma no pudimos ir a ningún lado. Nos acostamos temprano. Después tuvimos lindos días en la playa. El campo se suponía que sería lo mismo. Con la ilusión de estar embarazada tuve que volver y terminé en la clínica operada de emergencia por un embarazo tubario. Luego el terremoto ( Ni mencionar el tema). De pronto una madrugada sonó el teléfono y acá estamos viviendo felices en Puerto Varas. No ha sido fácil, pero si miro hacia atrás me lleno de orgullo de decir que salimos adelante.

Picolina comiendo mejor un poquito de cosas nuevas. Estabilizada de sus alergias. Marido trabajando mucho, pero contento. Y yo mirando hacia un futuro que por largo tiempo se había nublado de mi vista. Además creció la familia. Tengo una sobrina de meses de edad. Sentimos la perdida de nuestra querida mascota que nos acompañó un breve pero lindo tiempo. Mañana partimos al campo de unos amigos a recibir el 2011 como nos merecemos. ¡En familia, con amigos y felices! Mucho amor, confianza, luz , energía positiva y paz para el AÑO NUEVO. ¡Tengo fe que será más que un buen año!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Viejito Pascuero


Hay tantos niños que no tienen nada y aún sí creen en el viejito Pascuero. Sus cartas llegan por montones a Correos de Chile. Sé que respecto a eso hay muchos que se han aprovechado de la situación. Conocido es el cuento de la Sra. que se dedicaba a recibir paquetes. No escribo este post para ostentar de humanidad, pero sí creo que es necesario fomentar este tipo de acciones. Sin tenerlo meditado fui al correo a dejar una carta para un concurso y mientras esperaba en la fila quedé largo rato al lado del buzón del Polo Norte. Empecé a leer y varias cartas se notaban escritas por adultos. Aunque sea cierto lo que decían, las descarté por desconfianza. Habían otras llenas de dibujos pidiendo con una inocencia inmaculada bicicletas, skates, patines, Wii, etc. Ojalá alguien con presupuesto pueda cumplir esos sueños. Me daba pena no encontrar una que pudiese estar al alcance nuestro. Por lo que una vez que me atendieron, regresé al buzón a seguir buscando hasta dar con un dibujo lindo, una letra inentendible y llena de faltas de ortografía pidiendo tan sólo una pelota de fútbol y algo rico para Navidad, ya que su papá no tenía trabajo.
Como andaba en bicicleta, después de yoga fui a buscar el domicilio de este chico y me encontré con una pobreza que hace tiempo no veía. Igual en el sector la gente tenía sus coronas de Navidad en la puerta y se veía limpieza. Hablé con la mamá. En efecto el chico tiene 7 años y aún cree en el Viejo Pascuero. Me recordó a mí. Me tuvieron que contar para que no haga el loco en el colegio. Algún un día Marcial también tendrá que llorar, pero no esta Navidad. Con M decidimos ser ayudantes de Santa. No seremos ni más ricos ni más pobres por ayudar a cumplir un deseo. Al contrario. Tenemos la satisfacción que esta Navidad no será vacía. Ojalá no sea tarde para entusiasmarlos. Hoy en las noticias salió que por la crisis en la zona habían demasiadas cartas acumuladas. Hagamos el esfuerzo de hacer a alguien feliz en Noche Buena.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Adios gatita Carlota


Ayer fue un día de locos con todo lo que pasó y la única manera que tengo de asimilarlo es escribir, ponerlo en palabras y contarles la historia. Como amaneció el día muy nublado pensé que era la mejor opción ir a vacunar a Amanda, que tenía un par pendientes y como hoy estaba anunciado un día frío y probables chubascos, con lluvia o fiebre igual nos quedaríamos en casa. Se portó un siete mi Picolina. Aprovechando su buen estado de ánimo pasamos a renovar el chip de mi celular, porque yo ya no podía seguir sin teléfono. Nos vinimos apuradas, pues a esas alturas ya tenía hambre. Al regresar a casa nuestra gatita estaba muy extraña. Para empezar toda sucia como si la hubiesen revolcado quién sabe dónde. Pero no le dí mayor importancia. Después del almuerzo el día despejó y salimos a jugar al jardín. Lo extraño es que Carlota no se movió de donde estaba. En eso una corriente fuerte de aire nos cerró la puerta de entrada y la de atrás que conecta con la cocina, que estaba abierta, se encontraba también cerrada. Es decir nos quedamos afuera. Por suerte el vecino, quien a su vez nos arrienda la casa tiene copias de las llaves. En Santiago suegrito se pegaba el pique cuando nos pasaba. La nana del lado lo llamó a su oficina, ya que de todas formas el siempre llega a almorzar. Se demoraba tanto que finalmente pusimos una escalera. Trepé, me monté en el muro, crucé la escalera hacia el otro lado y listo. Cómo me atreví fue gracias a la preocupación por la gata y que Picolina no se hiciera en los pantalones sin poder cambiarla. En algún minuto la gata entró a la casa y estaba toda chorreada de sus necesidades elementales. Ahí sí me preocupé, porque los gatos son impecables en este sentido. Salió cojeando y pensé que quizás estaba teniendo una pérdida. La suponíamos embarazada, porque entró en celo y yo no tenía idea que se les daba anticonceptivo mientras amamantan. A todo esto los gatitos hace rato que los regalamos. Se fueron como pan caliente a sólo dos días de cumplir la edad para irse. Para seguir con la historia, en Puerto Varas casi todo se paraliza alrededor de la una y eran la una y cuarto. Cuando por fin me contestó una veterinaria que queda cerca me dijeron que la doctora llegaba recién a las seis de la tarde. La llevamos igual. En una caja amarrada con cinta de embalaje subí a la gata y a Picolina en el coche. ¡Se imaginan el espectáculo! Al pasar frente a una construcción la gata se desesperó y rompió la huincha. Se escabulló como pudo y fue a parar bajo el radier de la casa en cuestión. Los maestros, los de la veterinaria, Picolina y yo tratando de sacarla. No hubo caso. Estaba tan estresada que el estudiante a cargo mientras la doctora no estaba nos dijo que mejor pasara un tiempo y en una de esas salía por sus propios medios. Volvimos a la casa, comí algo y en eso ya era la hora de la leche de la chica. Luego volvimos y ahí estaba. Al llamarla contestaba con maullidos lánguidos. Era un echo que el dolor no la dejaba moverse. Un maestro sugirió que me metiera por la gatera (entrada al radier) con una linterna. Volamos a casa a cambierme de ropa y partí con linterna de montaña en la cabeza. Picolina heroíca entendió perfecto que la mamá rescataría a su gatita. A medida que yo avanzaba arrastrándome como soldado en guerra mi hija gritaba Carlota y Mamá, mientras avanzaba por las tablas sobre mi cabeza. Llegué a la gata y la saqué como pude. Ella entendía que la estaba ayudando. A Picolina le vieran la cara de alegría al vernos salir. Los maestros miraban la escena con cara de no creer lo que veían. ¡Mi pinta era de guerra! Así volvimos a meter a la gata a la caja, esta vez mejor sellada, y corrimos al doctor. Ahí se quedó. Estuvimos un buen rato mientras la examinaban. Picolina entendía muy bien que Carlota estaba enfermita. El diagnóstico era pésimo: quebradura en la pata izquierda trasera y contusiones múltiples. Al parecer la alcanzó un auto. Picolina armó puzzles y pintó mientras esperábamos. Luego nos fuimos a despedir. Chao Carlotita, decía la dulce voz de mi chiquitina. La gata nos miró como si supiera que no nos volveríamos a ver. Hoy en la mañana me dijeron que murió en la noche. No la pudieron estabilizar. Tuvimos el gusto que nos eligió para vivir sus últimos meses. Murió tranquila sin dolor. Con una pala prestada en yoga, donde me llegó la noticia, hicimos una cunita para Carlota. Picolina todo el tiempo a mi lado. Luego fuimos buscarla. Se encontraba cuidadosamente envuelta en papel y con algo especial para evitar el olor. La pusimos en su última casa y juntas con nuestra querida nana observando la escena le echamos la tierra encima. Cantamos Shanti (Paz) varias veces y nos despedimos. Nunca me había tocado enterrar una mascota. En el campo al morir los perros nunca estábamos allá. Cuando atropellaron a mi Lucas lo enterraron antes de que yo llegara del colegio. Pienso que los niños a su manera entienden mucho más de lo que podemos imaginar. No podía decirle a mi hija que la gata se fue. Como es ella, probablemente pensaría que su minina ya no la quería. Después de su siesta salimos al jardín y me dijo indicando el lugar "La cunita mamá". Sabe que la gata está ahí y se quedó tranquila. Entiende que Carlota ya no va a despertar más. No va a venir ningún Gato con Botas a besarla para que despierte. La vida no es un cuento, pero los cuentos de hadas ayudan a entenderla. Adiós gatita Carlota. No te olvidaremos jamás.