María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

miércoles, 30 de enero de 2013

¿Y si es más grave qué hago?

Siempre me ha inquietado el tema de la salud acá en el sur. El soporte de la Clínica Alemana de Santiago  es una de las cosas que más extraño. La Clínica Alemana de Puerto Varas no le llega ni a los talones. Es más, el año pasado la declararon en quiebra y actualmente funciona bajo la tutela de un síndico experto en este tema, esperando generar números azules algún día para que ojalá una isapre u otra clínica de la capital la compre. Mientras tanto,  es inquietante que frente a cualquier cosa que pase y sea grave haya que partir a Puerto Montt. La urgencia funciona entre comillas y lo paradójico es que está abierta para casos no tan urgentes. Ni siquiera se puede atender una urgencia si algo sale mal en un parto normal. Uno se pone nerviosa si pasas mala noche con un chico ardiendo en fiebre si sabes que el  amparo de acudir a un servicio de urgencia no está o está tan lejos. Lo paso mal no porque mi hija pueda empeorar o  uno sea aprensivo o porque ahora vivimos solas. Es sencillamente ese vacío.

En atención  normal los médicos atienden medio día  para no dejar las consultas abandonadas y  los Puerto Varianos hacemos nata en las listas de espera o dependemos de la buena voluntad del pediatra para que abra un sobre cupo. Menos mal que el pediatra de Picolina sabe que no soy una de esas madres que corre al doctor por cualquier cosa y me atendió ayer. Resulta que estábamos de vacaciones en el campo de una amiga con full panorama para los niños y Picolina amaneció de un día para otro con 39,5 ºC de fiebre. En general ella es de fiebre alta y vómitos, pero algo en sus ganas de toser y no poder me indicó que está vez era diferente. Volvimos y conseguí hora al doctor. Radiografía para descartar neumonía y bueno, de los antibióticos no nos salvamos. Bronquitis aguda con infección. Vacaciones en casa. Así es con niños. Uno propone y ellos disponen.

Hasta ahora he necesitado la urgencia un par de veces y por cosas manejables como lavado de estomago por tomar remedio por su cuenta y otitis. De verdad espero nunca tener que correr a Puerto Montt.

domingo, 20 de enero de 2013

VACACIONES



Las vacaciones pasaron demasiado rápido, dependiendo del punto de vista, porque el tiempo siempre es relativo. Hubo días que se hicieron eternos, ya que a falta de niños fui la eterna compañera de juegos y otros que pasaron volando. Volvimos a casa y el panorama no falta. Vecinitos de vacaciones, amiguitas a jugar a la casa y el tan ansiado fin de semana en que Picolina ha salido con su padre. Relajo absoluto, disfrutando del calor tan poco común en estos días. Si fuera sureña sureña ya estaría cocinada, pero ahora  agradezco ese calor tan propio de la zona central. Esos clásicos 30ºC chillanejos,  donde a media tarde ni las moscas pueden volar. ¿Calentamiento global? Who cares! Es bueno estar de regreso en casa. Se aprecia la tranquilidad de poder hacer y deshacer a gusto sin tener esa sensación de invadir el espacio de alguien más. Quedé agotada de hacer castillos de arena, de poner atención en la piscina, de visitar las gallinas unas diez veces al día, etc.   Este fin de semana ha sido divino, porque ha sido sólo para mí. Salir al atardecer a tomar algo, volver de madrugada, dormir sin cargo de conciencia, leer, ver películas,  malgastar algo de tiempo en internet y aburrirme un poco. Si el mes que estuvimos lejos fueron las vacaciones de Picolina, este fin de semana fue cien por ciento sólo para mí.

lunes, 17 de diciembre de 2012

A las escondidas...




En Puerto Varas llueve y llueve mucho. A veces son semanas en invierno y días interminables en verano. No es que seamos de rulos con Picolina, pero cuando hay temporal no se puede hacer demasiado. Mi hija es genial en todo caso. Una vez estaba mi mamá de visita y su Gabi dijo que no podíamos salir, porque llovía. A lo que contestó, pero "si te pones tu Regenmantel no es problema". En fin, como les iba contando, el verano aún no se asoma acá en el sur y los días de colegio terminaron. Las vacaciones tan anheladas comienzan de forma oficial pasado mañana, cuando nos vamos al campo a pasar la Navidad. Entre tanto, llevamos una semana con demasiado tiempo en casa. Y los juegos clásicos son lego, dominó, puzzle, memory  y el mejor de todos las escondidas. Menos mal que vivimos en una casa con suficiente espacio y rincones que hacen el juego más entretenido. Y es así como pasamos tardes completas jugando a las escondidas buscando el mejor escondite para que el juego sea cada vez más difícil y divertido. Es un juego que personalmente disfruto muchísimo. También cuando voy en invierno a Santiago en el departamento de mis padres jugamos con Picolina y sus primos. Es un panorama fantástico. Ni hablar de aquellas tardes de verano cuando niña en las que con mis primos jugábamos por horas entre los galpones y la bodega, hasta que ya no veíamos absolutamente nada y los murciélagos revoloteaban por todas partes. Jugar es una manera de mantener nuestro niño interno siempre despierto y también la mejor manera de vivir el presente a cabalidad. Uno se concentra en el juego y no se piensa ni el lo que pasó o lo que viene más adelante. Me encanta jugar  dominó, naipes, dados y lógico con mi hija también. ¡Altamente recomendable!

domingo, 16 de diciembre de 2012

2012

 

2012



Sí alguien me hubiese dicho que me vida sería otra vez un lienzo en blanco a los 37 años jamás me lo hubiese imaginado. ¡Y sí! El 2012 un año caótico desde el punto de vista que se le mire,  para mí ha sido el año de mayor crecimiento que he vivido en siglos. He decido reescribir mi propia historia con la mochila lo más liviana posible. Visité todos aquellos lugares por los que sentía nostalgia. A veces uno piensa que se puede volver atrás o que los tiempos pasados fueron mejores. Con el fin de dejar atrás esos anhelos recorrí lugares a los que pensé que podría volver. No es cierto. Los lugares han cambiado, al igual que sus habitantes  y yo mucho más. Estoy muy bien en esta pequeña ciudad del sur de Chile, de la cual en un comienzo no sabía que esperar. A finales del 2011  me separé de M a quien le agradezco todo lo aprendido en la época   que estuvimos juntos, pero hace mucho tiempo que teníamos que admitir que lo nuestro no podía seguir. Llevábamos tantos años  cada uno por su lado, que mejor darle a la vida una nueva oportunidad en todos los ámbitos. He conocido personas excepcionales y sé que mi ciclo en este lugar aún no ha terminado. Había echo grandes planes para irme, pero la vida dijo otra cosa: queda mucho por hacer  y sucesos que vivir. Tengo claro lo que quiero y mucho más lo que no deseo. Un buen punto de  partida  para no repetir los mismos errores ni volver a pisarse la cola. Sigo con mi proyecto  contando cuentos.  Es complicado  vivir de esto, por lo que  urge encontrar un trabajo estable, aprovechando que Picolina ya tiene 4 años y pasó al Prekinder del Colegio Alemán de Puerto Varas. Continúo sin estar muy convencida de la educación tradicional, pero por ahora es lo que hay. Picolina se ha transformado en  una niña adorable e independiente. Sus alergias continúan contra todo pronóstico. Nada fácil. Menos mal que volvimos a cambiar de médicos y descubrimos un test llamado Bioresonancia. Hasta ahora mucho mejor. Bueno, les cuento que  abrí nuevamente este espacio para que estén al tanto de cómo sigue la vida en el sur. Un abrazo y los mejores deseos para el 2013.

viernes, 6 de mayo de 2011

Agradecimiento




Nunca es tarde para dar las gracias. Este post está dedicado a María Jesús Gonzalez del Campo, autora del libro Recetas y Consejos para niños con alergia a la leche de vaca. Picolina está mucho más grande en todo sentido. Es una niña exquisita muy inteligente y ha dejado de hablar en tercera persona. Con mucha autoridad y segura de sí misma usa correctamente la palabra YO. Este puntito que ha costado tanto criar en el último control de peso llegó a las 10, 5 Kg. con dos años y cinco meses de edad. Hace un año estaba en estado crítico de desnutrición y la madre por el suelo. Conforme pasaba el tiempo chiqui se ha ido desenvolviendo muy bien en el jardín al que asiste, gracias también al esfuerzo de sociabilización que hicimos previamente el año pasado y que terminó con un cumpleaños exitoso. Pasó también la Navidad, aún siendo engañada con hojuelas de platano como galletitas hasta que se acercaba la Pascua de Resurrección a pasos agintados. Creo que la fecha me empezó a molestar desde el Miércoles de Ceniza. Sabía que de a poco los supermercados abarrotarían los estantes de chocolates y caramelos que mi niña no podría comer. Es más, yo quería que tuviera Pascua y buscara huevitos como todos los niños, pero no sabía cómo hacerlo. Tenía una idea de pintar cáscaras y rellenarlas con cosas que ella puede comer como cabritas y cornflex, pero quería que todo fuera perfecto. Además, hace rato que lo estábamos pasando más o menos, porque luego de la introducción de un par de cosas en el verano el resto ha sido imposible y la manera de cocinar la cosas, etc. la imaginación nuevamente se me había arrancado. En la desesperación comencé a insistir con la doctora que la trata si me podía ayudar con este problema. Picolina estaba aburrida de comer lo que puede comer y ya no había cómo pelear con ella. Entonces me llegó un mail con el nombre de una mamá que tiene un niño, quien a pesar de la edad, tampoco a solucionado el tema de las alergias. Ella escribió un libro con recetas inovadoras para los chicos que sufren de alergias alimentarias de este tipo. Picolina para Pascua tuvo sus caramelos, un conejo de peluche y las cascaritas que pintó el Conejito. Además por primera vez en la vida puede comer galletas y come con ganas las nuevas recetas, aunque en el fondo se sigue tratando de pollo con arroz y un par de cosas más. Por otro lado también me dio rabia. ¡Cómo no me había informado la doctora del libro ANTES!De a poco las cosas a fuerza de ensayo y error han ido resultando y somos todos más felices. Darle de comer, ya no es el calvario que solía ser. Espero que a Santiago lleguemos con los 10,5 Kg. todavía, pues nos estamos recuperando de un adenovirus que la dejó por el suelo. En casi todo vamos muy bien. ¡A qué mamá no le gusta darle cosas ricas a sus hijos! Si bien la comida es un tema que me preocupa, por lo menos ya no me quita el sueño. Además en estos días de invierno hacer galletas es un tremendo panorama.





¡Su primera galleta y su primer dulce de verdad!





jueves, 7 de abril de 2011

Un año en Puerto Varas


Hoy brilla el sol y es un lindo día en Puerto Varas. Se ve el volcán y a pesar de que está un poco frío ya no lo siento tanto como al principio. Todos hemos tenido nuestro proceso y nos hemos ido adaptando al lugar que ya consideramos nuestro. De a poco hemos ido conociendo gente y nos hemos echo de un circulo importante de personas en las que nos podemos apoyar y compartir.

La Casa Yoga fue un buen comienzo y la voy a extrañar, porque allí comenzó a florecer la persona que ven ahora con varias actividades y sobre todo contando cuentos. Si no fuera por los schow de talentos que allí se organizaron no sé si hubiese logrado reencontrarme conmigo misma y atreverme a montar este proyecto tan lindo. Ahora ya no hay yoga para adultos en la Casita Yoga, pero hace poco empecé en otro lugar que me gusta aunque no queda tan cómodo y tan cerca como antes. La profesora es buena y me hace bien. He logrado que me contraten para varios eventos de Cuenta Cuenta Cuentos, tuve una entrevista en el diario local y salí al aire en la radio. Eso sólo se puede lograr en un lugar pequeño. Cada uno de nosotros ya tiene un espacio. Hoy estrenamos con una amiga un grupo de lectura, Picolina va al Medio Menor, donde con todo mi orgullo la describen como una niña alegre, cariñosa y un vocabulario muy amplio. M es valorado en su trabajo, claro que me gustaría que tuviese más tiempo libre y se acordase de que lo más importante es sacar aflote un proyecto llamado matrimonio. La nana que tenemos nos quiere harto sobre todo a la chiqui. Hasta le conseguí una plaza particular con un amigo escritor que vive cerca y en su condominio hay juegos. Allí vamos cada vez que el tiempo lo permite, ya que ahora ya no está el clima para ir a la playa. Panoramas no faltan. Inauguraciones en la Galeria el Bosque, cuya dueña nos ha abierto las puertas de par en par, un almuerzo por aquí, una tarde con mamás y niños en el Café Play o en una casa. Miro hacia atrás y la verdad es que adoro mi casa, su ubicación y todo lo que hemos logrado. Estamos bien y contentos. Gran parte se debe a mi recuperación. La depresión es una enfermedad y hay que reconocerla como tal. Igual que un resfrío o algo mayor. Por ende requiere tratamiento y hay que saber reconocer los síntomas para buscar ayuda. Mi doc es un siete y de a poco me ha ido soltando cada vez más. No fue menor todo lo que sucedió antes de llegar acá y la carga sicológica que yo acarreaba. M me ha apoyado en cada cosa loca que se me ocurre y eso me hace feliz, sin contar como les decía que van resultando. Lo único que no ha resultado mucho somos nosotros como pareja. A Picolina la disfruto cada día más y su alimentación si bien sigue siendo un tema, ya es un tema más y no el principal. Agradecida de que el cambio de hora no se produzca tan pronto y aprovecho cada rayo de luz y de sol como una bendición. La rutina que tengo es bien movida y trato de mantener mi hobby de birdwatching. Antes sentía que no había una razón para levantarse con los días grises y fríos del sur. Ahora no pierdo un segundo, que la vida es corta y una sola. El sol está en nuestro interior. Los invito, vamos a calentar el sol.

martes, 8 de marzo de 2011

A la Schule


Increíble pero el día llegó. Como dice mi Opa no hay plazo que no se cumpla. Después de mucha teoría y de verdad por fin tener los útiles listos y el buzo y delantal de la Schule marcados, el lunes 7 de marzo despertamos a Picolina más temprano de lo que está acostumbrada. Se vistió feliz y con cierto nerviosismo, pero muy orgullosos partimos mamá y papá a dejarla al colegio.
Tocó un día lindo, esplendoroso y el sol brillaba sobre Puerto Varas. Al bajarnos del auto fuimos bombardeados por fotógrafos que ni te preguntan si va a querer o no, bien invasivo el sistema, pero bueno...Seguimos avanzando y Picolina se veía muy contenta. Al ver la sala llena de niños se cohibió un poco y al darse cuenta de que se iba a quedar sola el llanto no cesó. Entre tiras y aflojas las Tantes iban hacia los niños que no querían soltar a sus papás uno por uno. Una vez que el niño/a quedaba más tranquilo se iban hacia otro hasta llegar a nosotros. Fuimos los últimos en salir de la sala. Es decir yo, porque M no se pudo quedar hasta el final tenía que ir a trabajar. Luego me quedé en un café cerca del recinto esperando lo peor. Que sonara el teléfono a los cinco minutos y me dijeran ven a buscar a tu hija. No fue así. Pasó una hora, eran ya las diez de la mañana y como el día estaba lindo decidí volver caminando por la costanera. Llegué a la casa hice lo mínimo de lo que me disponía a hacer, pues el celular empezó a sonar con insistencia.
Tenía que ir a buscar a Picolina una hora antes. Es decir en treinta minutos más. Debí haberme quedado en el café. Bajé al centro tomé la micro y llegué corriendo. Ahí estaba mi niña junto a otra pequeña paradas en la puerta con la coordinadora esperando a su mamá. La sonrisa de oreja a oreja y solita me contó que le había dado mucha pena y que quería ir a su casa. ¡Linda!
Almorzó y cayó rendida. Hoy no fue muy distinto, pero M fue solo a dejarla. Yo me despedí en le portón de la casa. Se tuvo que quedar con ella hasta como las nueve. Esta vez no me llamaron y cuando la fui a buscar algunos padres ya habían pasado a retirar a sus hijos un poco antes. Ella lloraba pidiendo a su mamá. Se me partió el alma. Después me di cuenta que lo que más tenía era hambre que otra cosa. Con el almuerzo le volvió el alma al cuerpo y no ha parado de jugar. Así nos vamos ajustando de a poco a todo. Pronto será nuestra primera reunión de apoderados. ¡Ya el sábado tenemos una cicletada familiar en el colegio! Habrá que ir a todo para ver y conocer a los padres y compañeritos de Picolina. Después con el tiempo vamos colando información. Es el comienzo de una etapa completamente nueva en nuestras vidas. ¡Toda una aventura!