El malabarismo de la vida diaria
Hoy la verdad es que voy a seguir el consejo de alguien que en verdad quiero muchísimo y voy a escribir todo lo que uno en general alcanza a realizar en un día para despejar cualquier duda que quede en la fantasía de mi Picolina, que ya tiene 6 años y se va todos los días a las 07:30 de la mañana al colegio, pensando, que por que la mamá se queda en pijamas despidiéndola en la puerta, ella durante el día no hace nada...así osó a comentarlo ayer y fue lo que me terminó de impulsar a escribir este posteo.
Soy una mujer de 40 años que se separó hace no mucho y madre de una niña de 6 años, adorable, inteligente y con alergia alimentaria múltiple y severa. En el área laboral me dedico a traducir y a contar cuentos ( fomento lector ). En ambos campos soy independiente, por lo que si no me muevo todo el tiempo o no genero nuevas ideas y proyectos no gano un peso. Por algunas circunstancias puntuales la verdad es que ahora último he vuelto a tomar las riendas de mi vida en lo que se refiere a la parte terrenal de cualquier cristiano, lo que implica hacerse cargo de las tareas domésticas, las que hace poco tiempo no se encontraban del todo en mis manos, pero ahora lo están por completo, pues la Señora Elvira, hace varios meses que ya no viene a mi casa. Como mujer separada y jefa de hogar llevo también la economía de la casa, aunque si bien recibo todavía ayuda económica del padre de mi hija, mi trabajo no deja de ser mi sustento. La ayuda de la señora Elvira no era menor, aunque venía dos veces por semana y el hecho de quedarse sola implica también que no hay turno ni para hacer las camas, lavar la losa, poner la mesa, etc. Entre organizar la casa, mi vida, mi trabajo independiente y la vida de Picolina, las horas de un día común y corriente se hacen pocas. Sencillamente se agotan y sin quererlo se termina por quitarle horas al descanso y al sueño para tener vida propia, soñar otra vez con el amor y también dedicar el tiempo y la energía necesarios para ejecutar los proyectos de vida y laborales que a uno lo mueven y motivan en la vida. Además se suma que Picolina, para quienes han leído mi historia, aún no se recupera del todo de sus alergias alimentarias, tema que no es menor, porque de alguna manera a uno lo mantiene mucho más ligado a la crianza de lo que se quisiera. Es de rigor recordar también todas sus gotas y vitaminas anexas todos los días y en el orden correcto. Entre medio de todo también una de las cosas que me sostiene es poder salir andar en bicicleta, lo cual hago antes o durante el aparente caos en que vivo. Así hay días que se encuentran totalmente sobrecargados y otros en los que se puede salir a disfrutar de un buen café con las amigas y las bondades de Puerto Varas cuando el tiempo lo permite. Entonces por ejemplo esta semana ha tenido sencillamente de todo: Limpieza profunda, planchar, cocinería para varios días siguiendo los cuidados que mi hija necesita, cambio de sábanas, pago de cuentas, organización del cumpleaños de Picolina que se acerca a pasos agigantados, viaje a Puerto Montt al Mall a ver regalos, entrenar algo de bicicleta, entrevista con la psicóloga, acto en el colegio, café con las amigas a lo que se suma todo el tiempo que se va revisando los whatsapp y el correo electrónico, preocuparse del perro, ir al acto del colegio y a la reunión de delegados de curso, hacer tareas, estudiar la prueba del libro y el dictado, ponerse al día con la familia, compra en el supermercado, volver a ir para comprar aquello que uno olvidó, llevar a Picolina a la nutricionista, recibir a las amiguitas de Picolina, tratar de ver noticias para no vivir en el limbo y poder escoger con propiedad el papel higénico. La lista continúa con realizar alguna que otra traducción y ver posibles reuniones que a futuro generen nuevos proyectos. Mañana cierro con un viaje a Calbuco a contar cuentos... ¿Alguna duda? Pregunto por si las moscas, porque no ha faltado el desubicado que me ha preguntado que como me separé, si he pensado en volver a trabajar. Plop.





