domingo, 25 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
En Puerto Varas

Habíamos quedado en que el camión partió con todas nuestras cosas y nosotros con Picolina aún gozábamos de la comodidad y el regaloneo en la casa de mis papás. Viajamos en avión un viernes. Mis papás nos fueron a dejar y mi mamá me ayudó con la chica y las cosas hasta atravesar el portal magnético. De ahí hasta nuestro gate se apiadó un alma caritativa y me llevó un par de cosas. El vuelo fue perfecto, nadie se sentó con nosotros y Picolina saltó en los asientos, subió y bajó la ventanilla mil veces y se tomó todo el jugo que le ofrecieron. El reencuentro fue emocionante. Claro que llegar a una casa que no conoces, llena de cajas, fría y con olor a pintura, en la tarde noche sin nada funcionando ni para calentar la comida de la guagua es un poco chocante. Se me pararon los pelos. De a poco nos empezamos a familiarizar con las cosas. Claro que Picolina acusó demasiado el cambio y dejó de comer. Deambulaba como alma en pena aferrada a su tete y su tuto. Tomará tiempo que lo deje nuevamente para sólo dormir. No había pasado una semana y estabamos pidiendo auxilio. Vino mi mamá y con ella en casa mi hija se sintió mejor. El doc le recomendó un ansiolítico y comenzó a comer otra vez. Nos volvió el alma al cuerpo. Las cosas comenzaron a fluir, de las cajas empezaron a aparecer las cosas imprescindibles y la casa empezó a tomar forma. Conseguimos una señora que nos venga a ayudar dos veces a la semana y los amigos y conocidos de acá pasaron a saludar. Ayer viernes comenzó la vida social con Picolina incluida. Algunos días han sido más amables y pudimos sacarla a pasear a la costanera, ver el lago y los patos. Se le iluminó la carita a mi chiquitina. Bueno de a poco y con paciencia. Hay que aprender muchas cosas. Manejar una casa es muy diferente a vivir en departamento. Partiendo por acordarse de sacar la basura, aprender a manejar la cocina a leña, saber cuánto rinde el balón de gas, cuántos litros necesita la comet, etc. Cambiar de lugar con la familia entera es muy diferente a sólo agarrar una mochila y partir.
miércoles, 7 de abril de 2010
Stuff & Things

Hamlet 4000 fue mi casa por siete años. Antes de casarme empecé de a poco dejando mi cepillo de dientes, luego un poco ropa y así. El departamento que no alcanzó mucho a ser de soltero de M ni siquiera tenía refrigerador. Estaba casi vacío y vacío se quedó ahora que todo lo que había en él se fue en camión a Pto. Varas. El tema es que el camión se fue lleno de cosas y estuve casi cuatro días ordenando, seleccionando, botando y embalando cosas con la ayuda de mi papá. En siete años de ser un departamento vacío pasó a ser un lugar donde ya no entraba nada de nada. Sorprendente como se pueden acumular libros, cachureos, cosas de deporte que uno ya no tiene tiempo para practicar, hobbies, etc. La invasión de cosas comenzó con los regalos de matrimonio que muchos de ellos nunca relucieron arriba, ya que por espacio quedaron siempre confinados en la bodega. Luego con la llegada de Picolina y el aparataje que implica tener niños en casa, aunque sea uno, el departamento terminó de desbordar: menos mal que muchas de sus cosas son prestadas y después de devolverlas no tendremos que seguir arreándolas. En fin... La tarea ahora será reorganizar todo en la casa que arrendamos, la cual a su vez, como es más grande al principio, quizás se vea media pelada con nuestros muebles que en realidad no son tantos. ¡Habrá que ver en qué termina!
viernes, 2 de abril de 2010
Vientos de cambio

Nos vamos a vivir al sur, específicamente a Puerto Varas. Después de ocho años arraigada en la capital pensé que acá nos quedábamos. Incluso nos habíamos proyectado con una casa y hablado de los posibles colegios que nos gustarían para la Picolina. Un llamado sorpresa del Intendente de La Región de los Lagos nos cambió el rumbo. El telefonazo fue un día viernes de madrugada y el lunes mi marido se encontraba arriba del avión, aceptando el trabajo y buscando casa. En menos de diez días nos vimos con el departamento con aviso de arriendo, el camión de mudanza contratado y un marido en camino con el auto cargado con lo indispensable para montar un primer campamento. Despedidas organizadas sobre la marcha. Nadie alcanzó a reaccionar demasiado ni siquiera nosotros mismos. Decir adiós a los detalles y a la gente de la vida diaria como la panadería, el yoga, los niños y mamás de la plaza, etc. me hizo tomar mejor conciencia del echo. Es un cambio tremendo. Estamos contentos. Vivir lejos de quienes uno ama no será fácil, pero esta oportunidad no la podíamos dejar pasar. Espero de verdad que después de tantas cosas difíciles mi matrimonio por fin tenga la oportunidad que soné. Nunca estuvo en mis planes vivir tanto tiempo en la capital. Siento que he estado vegetando en una especia de ensueño como la Bella Durmiente y el telefonazo ha sido el beso que tanto estaba esperando. Colaborar con el gobierno, ver nuevas oportunidades y hacer un poco patria en el sur nos llena de orgullo. Espero que pronto podamos reunirnos los tres. Por acá quedan algunas cosas que dejar cerradas. Tren al sur...
viernes, 19 de marzo de 2010
Día Mundial del Sueño

No hay nada mejor que dormir para recuperar fuerzas. A diario lo veo en mi Picolina que antes de su siesta suele estar muy irritable y luego de dormir es un sol. Desde que ella nació mi patrón de sueño ha cambiado del cielo a la tierra. En general desde lola he tenido tendencia al insomnio. De guagua fui según me contaron de sueño liviano. Un bebé recién nacido para todas las antenas y hasta ahora nunca sabemos cómo vamos a pasar la noche. Lo peor es que desde la operación, aunque todo esté tranquilo lo único que me calma es leer y leer hasta que libro se me caiga de las manos. El terremoto vino a agravar la situación y desde entonces siento que todo se mueve bajo mis pies. Es una sensación de vértigo constante que junto a la falta de sueño, la anemia, el revoltijo de guata por los antibióticos, tiene como consecuencia que mi recuperación sea lenta.
Admiro a cualquier persona que sin dormir lo suficiente tenga la capacidad de funcionar al otro día. Desde mi marido que se levanta estoicamente, aunque Picolina haya tenido un escándalo de proporciones, hasta al Presidente que tenemos. En una entrevista dijo que actualmente duerme como 5 horas diarias con suerte. Por lo menos yo no le tengo que poner la cara a nadie y mis ojeras se quedan en casa. Es complicado salir del estado de alerta en que me encuentro, pero habrá que aplicar todas las medidas necesarias hasta lograr el descanso. Por mientras sigo recurriendo a la cosmética para disimular mis ojeras. Dulces sueños.
lunes, 15 de marzo de 2010
Más tranquila...

Gracias al consejo de una amiga que me recomendó el libro que estoy leyendo ahora (Qué esperar de los primeros años de un niño), debo confesar que me siento bastante más tranquila en muchos aspectos en relación al desarrollo de mi Picolina. Es que siendo mamá primeriza sin tener por lo tanto experiencia con niños de un año y tanto es difícil saber qué es normal a esta edad y cuándo hay que preocuparse. Uno tiene millones de preguntas; sin querer te encuentras en situaciones en las que no se sabe cómo actuar y eso es agotador a la larga. El libro hasta ahora me ha tranquilizado muchísimo. Tengo la certeza de que Picolina hace bastante más para sus 16 meses de lo que debería, es normal que sea un poco antisocial y no comparta con los niños en la plaza y que tenga crisis con la limpieza, hay que tener paciencia de escuchar mil y una vez la canción de la rana, etc. Dan muy buenos consejos que he empezado a aplicar: ¡Y resultan! Viento en popa con la enana y mamá a seguir leyendo...
martes, 9 de marzo de 2010
Cataclismo personal

Qué se puede decir si después del Terremoto nos hemos dado cuenta de que estamos bien. Fue un susto tremendo no poder ni ponerse de pie para correr a ver a la Picolina, pero con las horas nos fuimos dando cuenta de los afortunados que somos. Pasaron también las horas de angustia de no tener noticias de la familia, sobre todo de mis abuelos que viven a un par de KM del epicentro. Ellos también gracias a Dios se encuentran Ok sin ningún rasguño. La vida se mira con otros ojos y hay que continuar. Disfrutar lo que tenemos y dejar las penas atrás. Penas profundas, por poco no paso el terremoto en la clínica. Un par de horas antes me habían sacado los puntos y un par de días antes de eso el cataclismo personal era gigante. Un embarazo tubario fue la razón de una operación de urgencia y me tuvieron que sacar la trompa de falópido del lado derecho, donde tengo un único ovario funcionando. Probabilidades de que Picolina tenga un hermanito y esta familia crezca son muy muy bajas. Los planes tendrán que acomodarse a esta nueva realidad y habrá que reinventarse. Surgir como el Ave Fénix. Igual que mi país estamos en proceso de reconstrucción.
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