A veces siento que la maternidad se vuelve un terreno tramposo, porque uno en verdad al ser mamá y tener una criatura entre los brazos se promete así misma ser la mejor madre del mundo, sobre todo si la maternidad llegó después de tanto tiempo y no por casualidad...A veces sucede que las circunstancias van haciendo de la maternidad algo duro, algo pesado y dejamos de ser tiernas, cariñosas, acogedoras y entonces ojo que algo estamos haciendo mal. Sí, porque las mujeres somos las portadoras de la semilla del amor. Somos las encargadas de cuidar las emociones y los sentimientos y estamos conectadas directamente con la tierra, con lo naturaleza y sus ciclos. Sí y la mejor demostración que las mujeres también somos seres cíclicos, como todos tal vez, pero en nosotros se manifiesta en forma física una vez al mes. Esa forma naturalmente amorosa a veces se interrumpe y entonces nos preguntamos qué es lo que nos sucede. Nadie nos dijo que la maternidad podía ser un terreno tramposo y que al enfrentarnos a ella, sin querer también nos enfrentamos a nuestros propios demonios. Puede ser que entonces no sintamos que estamos conectadas y que seríamos capaces incluso de abandonar todo, porque llevar una familia y la crianza no es nada fácil. Uno se puede sentir totalmente desconectada, pero es porque algo nos ha sucedido y hemos olvidado por un momento nuestro rol de eternas portadoras del amor universal. Es una tarea titánica y la idea no es llevarla sola. Independientemente del tipo de familia que tengamos, ya que podemos tener diferentes tipos de hijos, mascotas, sobrinos, proyectos. Da lo mismo, la idea es que no estemos solas, porque las mujeres necesitamos del círculos femeninos en que podamos transmitirnos una a la otra aquella sabiduría ancestral que corre por nuestras venas.
Si estás en proceso de desconexión,busca la forma de volver a encontrarte contigo misma, pues la fuerza que te sostiene está dentro de ti y si no la encuentras en tu interior recurre a alguna otra fuente femenina que te recuerde lo importante que es volver a mirarse al espejo frente a frente y así de a poco comiences otra vez a valorarte y quererte. Entonces podrás experimentar un nuevo proceso creativo y sea cual fuere tu proyecto de vida lo verás volver a florecer. Recuerda que somos seres cíclicos y a veces el invierno puede ser un poco más largo, pero al otro lado siempre hay una promesa de primavera. Volvemos a estar conectadas y la semilla del amor se expande a nuestro alrededor, cambiando nuestro entorno. Recuerda que la desconexión es nuestra peor trampa, ya que hace que perdamos el sentido de aquello que hacemos. Se pierde el disfrute de la vida y nos puede llevar a una muerte física o del alma. No importa el motivo de la desconexión, pues puede ser un duelo no resuelto, maltrato en la niñez, no importa de qué tipo, una relación de codependencia con nuestra pareja, En fin... una razón diferente por cada mujer en el mundo. Lo importante es volver a encontrar el camino de regreso a casa. No importa cuantas veces perdamos el camino, siempre que tengamos la voluntad de volver a encontrarlo.





