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martes, 2 de agosto de 2016

RECONOCIENDO A BARBA AZUL





RECONOCIENDO A BARBA AZUL 




Los cuentos clásicos, ya sean considerados para niños o no, tienen su origen en la tradición oral, porque antiguamente era la manera en que se transmitían los temas que es necesario aprender en la vida. Todas las criaturas tienen que aprender que existen depredadores. Sin este conocimiento una mujer no podrá atravesar su propio bosque sin ser devorada (Sic 1). Saber reconocer al depredador en la vida significa crecer y convertirse en un ser que ha madurado y que ya ha dejado de ser vulnerable debido a la ingenuidad, inexperiencia o imprudencia. Saber reconocer a Barba Azul es un signo de haber crecido y hoy puedo decir que he madurado. El cuento clásico se trata de un hombre rico e interesante que lleva a pasear a tres hermanas a quienes consideraba en edad de merecer. Su estampa, su mirada  y la barba azul intimidaron a las hermanas mayores, pero la hija menor sintió compasión por la soledad de aquel varón y acepta su petición de matrimonio en un momento de juvenil exuberancia, el cual se mezcla a menudo con la insensatez, placer, felicidad y curiosidad sexual. (Sic 2). No es necesario volver a tener veinte años para volver a sentir algo así frente a quién se presenta como un caballero, interesado en la profesión de uno y en la historia en común que nos une. Obviamente deslumbrante si alguien así te ofrece participar en un proyecto atractivo que se mezcla en forma directa con tus intereses. Y así fue como Barba Azul se presentó otra vez frente a mí. La primera vez que le conocí, fui como la princesa del cuento. Muchos años y experiencias que me han enseñado a seguir mi intuición y optar por el auto cuidado. La vida está para eso:  para aprender y desarrollarnos, porque lamentablemente no nos criamos bajo el alero del circulo femenino en que se transmitía esa sabiduría ancestral a través de los cuentos o si los escuchábamos sólo oímos el cuento y tal vez  en algunas ocasiones servía de lección para no abrirle la puerta al lobo o no conversar con desconocidos. El cuento de Barba Azul invita a despertar y educar ese centro psíquico  esa brillante célula que toda mujer debe saber mantener encendida. (Sic 3). Entonces esta vez supe reconocerle y decirle que no, Qué no me prestaba para ese juego, pues si bien tenía que reconocer que me había deslumbrado sin transformarse en una dosis de adrenalina, no iba a caer en sus brazos.  Acepté un paseo con Barba Azul como las tres hermanas salieron a pasear en su carruaje para conocerlo, pero esta vez lo reconocí y lo llame por su nombre. Eres Barba Azul , le dije y añadí que no me iba a transformar en una mujer que traicione a otra por gozar de su compañía, que lo sentía en el alma, pero ahora que sabía que era casado algo entre nosotros era inviable. Sin querer durante varios días se transformó en un amigo mientras era "soltero" y  "un hombre que ya no siente nada por su mujer". Yo prefiero andar liviana por la vida. Le ofrecí continuar con el proyecto si de verdad se interesaba sacarlo adelante  y una amistad sincera. Cualquier tipo de atracción se domina con voluntad y como seres humanos podemos escoger nuestro camino. Yo escogí no dañar a nadie y ser leal conmigo misma también, pues las mujeres sabemos e intuimos y allá en el castillo de Barba Azul, ya había una princesa encerrada y quizás curioseando las puertas del castillo. Allá la princesa ya estaba lo suficientemente sola. No quiero ser yo la que esté allí el día en que abra la puerta final y encuentre que su marido es un depredador. Le dejé en claro que yo de sirena no tenía nada, sino que se había topado con una mujer echa y derecha que ha aprendido a cuidarse y a conocer sus límites. Ese era mi límite con él. Como un buen Barba Azul montó finalmente en cólera al no lograr sus objetivos y desapareció, llevándose con él todos sus artilugios, tretas y frases como "todos tenemos una gran capacidad de entregar y recibir amor que no debes negarte a tus instintos". Negar mis instintos  habría sido creerle. Todas las mujeres llevamos una diosa adentro, una diosa que goza de una dualidad que fluctúa entre "la dama para el mundo y una golfa en la cama" y merecemos a una persona que sepa apreciar a ambas en la unidad que somos.  Cada diosa merece su propio altar. Ahora nos encontramos en una época en que las fuerzas femeninas están despertando. Cada vez somos más las mujeres que nos reunimos para hablar de los temas que nos aquejan y es por eso que quise compartir esta historia. Cuidado con Barba Azul.Las invito a ser mujeres que corren con lobos. "Entre los lobos, cuando la hembra deja a las crías para ir a cazar, los pequeños intentan seguirla...y entonces ella les ruge y les pega un susto de muerte para obligarlos a huir y regresar corriendo a la guarida." ( Sic 4 ) Las crías ignoran quién es el depredador y quién no. Pero a su debido tiempo ella se lo enseñará por las buenas o por las malas.  Es lo mismo que le debemos transmitir a nuestros hijas/os. Si bien muchas cosas las van a experimentar en carne y hueso, no debemos dejar que no desarrollen su propio instinto. Es nuestro deber mantenerles esa voz interna funcionando y no acallarla jamás. Además las lobas son fieles a su manada. Esta historia es también  una invitación a ser fieles con nuestro género y combatir a Barba Azul en conjunto sin dejarnos llevar por el éxtasis a los sentidos que nos ofrece. Analizar las razones por las que un hombre o una mujer se transformen en un ser que necesitan alimentarse de la luz que emiten los demás no cabe en este posteo, las razones son millones y es lo que finalmente invita a seres que tienden a querer cuidar de los demás o peor aún, querer cambiarlos a entrar en el juego que Barba Azul ofrece. Finalmente por ambos lados hay un vacío enorme, tanto de quien depreda como por quién cae como víctima, pues para ser víctima consiente o inconscientemente la persona también elige su rol.  Lamentablemente ambos necesitan ayuda y por lo general es muy difícil que quieran aceptarla. En algunos casos algo o alguien podría llegar a jugar el rol de la llavecita que despierte la conciencia y la bella quiera pedir ayuda o la bestia reconozca sus carencias. Mientras no lo hagan continúa el baile, porque para bailar se necesitan dos.

Citas textuales  del libro Mujeres que Corren con Lobos.