María Fernanda Moletto . Con la tecnología de Blogger.

martes, 28 de junio de 2016

Madre Fuerte, Hija Fuerte




Esta semana no ha sido fácil, porque al final del semestre uno sueña con que no queden cosas pendientes para que las vacaciones de invierno sean dentro de todo relajadas, a sabiendas de que uno igual trabaja, cocina, hace las compras, etc y todo con la Picolina en casa. No nos había pasado este invierno, pero se enfermó  y hemos estado una semana en función de noches sin pegar pestaña, entre remedios y jarabes. También quedaron algunos panoramas lindos de lado como el Carnaval de Invierno. De alguna manera todo esto ha tenido su recompensa, porque hemos estado más conectadas y  Amanda pudo darse cuenta y ser más consiente de que la mamá hace mil y una cosa y así y todo logramos jugar como nunca. Sí, porque sin querer queriendo el colegio y las actividades ligadas al mismo al final van dejando poco tiempo para jugar sin medir el tiempo. Hemos sacado afuera todos los puzzles y juegos de mesa. Los naipes  necesitan de tiempo  y yo he puesto a prueba mi paciencia y dedicación como madre. Me doy cuenta de como los ejercicios practicados van teniendo su fruto y veo como juntas  hemos podido crecer durante estos días.  Ha sido una semana en que hemos podido conectar con esa madre salvaje de la que se es alumna y profesora, Nuestra naturaleza se encuentra llena de recursos que afloran a medida que nos vamos conectando con nosotras mismas y a pesar de que hubo un tiempo en que mi espíritu se nutrió con lo más mínimo el milagro del florecimiento al final siempre existe. Si la madre es fuerte, las hijas también. Por esta razón es tan importante conectar con nuestra naturaleza salvaje e instintiva, cultivar nuestra vida espiritual y no perder de vista nuestra niña interior. La meditación y la respiración consiente ayudan mucho, pero no perder la capacidad del juego ayuda mucho más. Si nos han dañado en nuestra niñez siempre está la posibilidad de sanarse. Es cuestión de tomar la decisión de reconsiliarnos con el pasado y dejar de rumiar las mismas penas y las mismas rabias que nos colocan una y otra vez frente a los mismos arquetipos para hacernos al fin comprender por donde va el camino. Claro que no es fácil mantener el ritmo de tanto ejercicio, ya que a veces parecieran no tener nada en común uno con el otro. En algún momento seremos capaces de visualizar el todo de nuestra existencia como si fuera una obra de arte. Mientras tanto, no hay que olvidar el disfrute de cada paso. Piano piano, va lontano. 

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