
No hay nada mejor que dormir para recuperar fuerzas. A diario lo veo en mi Picolina que antes de su siesta suele estar muy irritable y luego de dormir es un sol. Desde que ella nació mi patrón de sueño ha cambiado del cielo a la tierra. En general desde lola he tenido tendencia al insomnio. De guagua fui según me contaron de sueño liviano. Un bebé recién nacido para todas las antenas y hasta ahora nunca sabemos cómo vamos a pasar la noche. Lo peor es que desde la operación, aunque todo esté tranquilo lo único que me calma es leer y leer hasta que libro se me caiga de las manos. El terremoto vino a agravar la situación y desde entonces siento que todo se mueve bajo mis pies. Es una sensación de vértigo constante que junto a la falta de sueño, la anemia, el revoltijo de guata por los antibióticos, tiene como consecuencia que mi recuperación sea lenta.
Admiro a cualquier persona que sin dormir lo suficiente tenga la capacidad de funcionar al otro día. Desde mi marido que se levanta estoicamente, aunque Picolina haya tenido un escándalo de proporciones, hasta al Presidente que tenemos. En una entrevista dijo que actualmente duerme como 5 horas diarias con suerte. Por lo menos yo no le tengo que poner la cara a nadie y mis ojeras se quedan en casa. Es complicado salir del estado de alerta en que me encuentro, pero habrá que aplicar todas las medidas necesarias hasta lograr el descanso. Por mientras sigo recurriendo a la cosmética para disimular mis ojeras. Dulces sueños.


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